Diez minutos al día o una hora a la semana: ¿qué es mejor?

Qué dice la investigación sobre práctica espaciada y hábitos: leer un poco a diario o mucho una vez por semana, y cómo afecta un día perdido a un hábito nuevo.

Imagina a dos personas que aprenden un idioma. La primera lee diez minutos cada día. La segunda lee una hora cada sábado. En una semana, las dos leen más o menos lo mismo: setenta minutos frente a sesenta.

Dentro de un año, ¿cuál de las dos sabrá más palabras? El tiempo es casi igual, así que la diferencia está en cómo se reparte. La investigación sobre la memoria responde con bastante claridad, y la investigación sobre los hábitos añade una segunda razón. Ninguna de las dos razones tiene que ver con la disciplina.

¿Es mejor leer diez minutos al día que una hora a la semana?

Para recordar lo que aprendes, la investigación apunta a los diez minutos diarios. La práctica repartida en varias sesiones se recuerda mejor que la misma cantidad de práctica hecha de una sola vez. Es un resultado muy estudiado en la investigación sobre la memoria, y también se ha puesto a prueba en el aprendizaje de segundas lenguas.

Hay que reconocer un límite. Estos estudios ponían a prueba la práctica: aprender listas de palabras, estructuras o datos y después examinarse sobre ellos. No compararon directamente la lectura diaria con la semanal. Así que el argumento a favor de quien lee cada día es una deducción razonable a partir de lo que muestran los estudios, no un resultado medido.

¿Qué es el efecto de espaciado?

Es el hallazgo de que la información a la que vuelves a intervalos se recuerda mejor que la que estudias en un solo bloque. Una revisión de 2006 de Nicholas Cepeda y sus colegas reunió 317 experimentos sobre el tema, la mayoría con listas de palabras y otro material verbal.

En el aprendizaje de idiomas en concreto, un metaanálisis de 2022 de Su Kyung Kim y Stuart Webb combinó 48 experimentos con 3411 participantes. La práctica espaciada tuvo una ventaja entre moderada y grande sobre la práctica concentrada. Los intervalos más largos entre sesiones funcionaron más o menos igual de bien que los cortos en las pruebas hechas justo después, y mejor en las pruebas hechas más tarde.

¿Cómo reparte la lectura diaria tus encuentros con cada palabra?

Las palabras comunes aparecen una y otra vez en cualquier libro. Si lees cada día, una palabra que encontraste el lunes puede volver a salir el miércoles y otra vez el viernes, así que te la encuentras en días distintos. Si lees una vez a la semana, puede que te encuentres la misma palabra tres veces en una sola sesión y luego no la vuelvas a ver en una semana.

Las palabras necesitan volver muchas veces. En un estudio de Rob Waring y Misako Takaki, los participantes leyeron un libro de lectura graduada en el que las palabras nuevas no estaban traducidas ni resaltadas. Tres meses después recordaban el significado de solo una, más o menos, de las 25 palabras nuevas sobre las que se les evaluó, y de ninguna de las que habían encontrado menos de ocho veces. Leer un poco cada día no cambia cuántas veces aparece una palabra en un libro, pero sí reparte esos encuentros en más días, que es el espaciado que describen los estudios anteriores.

¿Cuánto puedes leer en diez minutos al día?

Más de lo que parece. En el estudio de Waring y Takaki, los participantes leyeron un libro de lectura graduada fácil a unas 105 palabras por minuto. A unas 100 palabras por minuto, diez minutos son unas 1000 palabras de texto. En un año de sesiones diarias de diez minutos, eso suma unas 365.000 palabras. Paul Nation toma 120.000 palabras como la extensión de una novela típica, así que equivale a unas tres novelas al año.

Quien lee los sábados lee algo menos a lo largo del año, unas 312.000 palabras en 52 sesiones. La cantidad de texto es parecida. La diferencia está en cómo se reparte y en el hábito que crea cada horario.

¿Qué le pasa a un hábito cuando te saltas un día?

Menos de lo que podrías temer. En un estudio de 2010, Phillippa Lally y sus colegas siguieron a 96 personas. Cada participante eligió una conducta relacionada con comer, beber o hacer ejercicio para repetirla cada día en la misma situación, y durante 84 días los investigadores registraron lo automática que le resultaba. Hicieron falta 66 días de media para que se estabilizara, con mucha variación entre personas, de 18 a 254 días. Saltarse un solo día no afectó de forma apreciable a la formación del hábito.

De ahí se deducen dos cosas. Un hábito que repites cada día, en el mismo momento de tu jornada, es el tipo de hábito que midió este estudio, así que diez minutos después del desayuno o en el autobús de vuelta a casa encajan bien. Y un día perdido no es motivo para abandonar. El estudio no puso a prueba rachas largas de días sin hacerlo, así que lo más prudente es procurar que las pausas sean cortas: si ayer no leíste, lee hoy.

¿Qué hacer un día en que no tienes ganas de leer?

Lee menos, pero no dejes de leer. Fija un mínimo fácil de cumplir incluso en un mal día: una página o un párrafo. Algunos días te quedarás ahí, y no pasa nada. Otros, una vez abierto el libro, seguirás.

Si quieres más ideas para esos días, en cómo leer cuando no tienes ganas encontrarás varias, desde sesiones muy cortas hasta releer un libro que ya conoces. Y si quieres ver cómo se suman las páginas a lo largo de los meses, lo tienes en por qué cada página que lees hace más fácil la siguiente.

Entonces, ¿qué horario deberías elegir?

Si solo puedes leer los sábados, lee los sábados. Una hora a la semana es muchísimo mejor que nada. Pero si puedes elegir, divide el tiempo: diez minutos al día dan a las palabras más oportunidades de volver en días distintos, y crean el tipo de hábito diario que ha medido la investigación.

Elige un momento que ya exista en tu día, lee diez minutos y haz lo mismo mañana.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor estudiar un idioma un poco cada día o mucho una vez a la semana?

Para recordar palabras, la investigación apunta a un poco cada día. Un metaanálisis de 2022 con 48 experimentos sobre el aprendizaje de segundas lenguas halló que repartir la práctica tenía una ventaja entre moderada y grande frente a hacerla toda de una vez. Esos estudios pusieron a prueba la práctica de palabras y estructuras concretas, no la lectura libre, así que tómalo como un indicio sólido y no como un resultado medido para la lectura.

¿Bastan 10 minutos al día para aprender un idioma?

Diez minutos al día suman unas 60 horas al año. A la velocidad de lectura que alcanzaron los participantes de un estudio, unas 105 palabras por minuto, eso son unas 365.000 palabras de texto al año, más o menos tres novelas. No es mucho tiempo, pero es un contacto constante con el idioma y una cantidad fácil de mantener.

¿Saltarse un día arruina un hábito?

No, según el estudio más conocido sobre el tema. Lally y sus colegas siguieron a 96 personas que estaban creando un hábito diario, y saltarse un solo día no afectó de forma apreciable a la formación del hábito. El estudio no puso a prueba qué pasa después de muchos días seguidos sin hacerlo.

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